La ermita de San Juan y La Laguna volvieron a congregar a millares de mirandeses para celebrar el día más importante de las fiestas
Nadie quiso faltar a una de las citas más importantes e ineludibles para los sanjuaneros. Era el día grande y desde las nueve de la mañana los más madrugadores empezaron a concentrarse en la plaza Santa María. Desde allí, el santo viajó en un carro engalanado hasta el monte acompañado de decenas de fieles.
Una vez en la ermita no pudo tener mejor acogida. El recinto estaba lleno al completo y dio la sensación de que, por muchas ampliaciones que se quisieran hacer en la explanada, siempre se iba a quedar pequeño. Y es que cerca de un millar de mirandeses se agolparon para seguir la tradicional homilía.
Bajo la atenta mirada de una unidad médica del Servicio de Emergencias 112, la misa fue ofrecida por el párroco de la iglesia Santa María. En la misma estuvieron presentes muchas autoridades a pesar de la resaca electoral. Una vez más el presidente de la comunidad, Juan Vicente Herrera, quiso mostrar su apoyo a estas fiestas al presentarse acompañado del subdelegado de la Junta en Burgos, Jaime Mateu, el consejero de Sanidad, César Antón, y el procurador, Luis Domingo González.
Tampoco se lo quisieron perder la subdelegada del Gobierno en Burgos, Berta Tricio, así como los líderes de otras fuerzas políticas locales, como Fernando Campo o Borja Suárez. Todos ellos y un pequeño grupo de elegidos pudieron degustar el bacalao que hicieron tanto la Cofradía como Los del Santo.
Aire y agua
Pero los protagonistas ayer fueron, sobre todo, los sanjuaneros. La mayoría empezó a llegar a La Laguna a partir del mediodía, justo instantes después de que varias gotas de lluvia amenazaran con pasar por agua este último tirón de las fiestas. De hecho, alguno como lo Hijos de la Antonia, no dudaron en colocar plásticos a la entrada de su caseta para evitar el aire y que se colaran gotas de agua.
A ritmo de charangas, cada uno se montaba la fiesta como le venía en gana. Por ejemplo, Los Kardiakos decidieron subir a San Juan parte de algún supermercado. O al menos eso parecía al portar uno de sus integrantes un carrito de la compra donde la cuadrilla podía coger desde bebidas de la nevera, a hielo, almejas, mejillones o tomate, todo ello bien tapadito con una sombrilla.
Todo valía ayer con tal de poder hacer tiempo hasta que la ansiada comida llegara a las peñas. Aunque no todos tenían que esperar sus bocadillos o su catering particular. Muchos decidieron remangarse y ponerse manos a la obra para crear su propio menú. Éste fue el caso de Los Raros, que elaboraron una comida digna de cualquier restaurante moderno. Aunque sólo fuera por el nombre de los platos. «Vamos a comer 'Patrukis al romero', 'Lomo al borrachín', 'Ensalada campestre', 'Flan de huevo' y 'Café olé', es decir, patatas con chorizo y costilla, lomo con vino, ensalada en medio del campo, flan y un café con mucha juerga», reía una de las cocineras, Carmen Gómez.
Donde también se optó por cocinar fue en El Desguace. «Lo hacemos desde hace 15 años. Cuando éramos jóvenes ni nos lo planteábamos, pero ahora hasta nos gusta», comentaba Pablo Jorde mientras ultimaba los detalles tras tres horas de trabajo en la caseta.
A la hora de comer, pasadas las tres de la tarde, el bullicio de La Laguna se diluyó por unos minutos. Cualquier lugar del monte se convertía en un punto de encuentro para comer entre amigos, con o sin caseta. Mientras, Miranda parecía una ciudad desierta. Ni coches, ni gente ni un alma circulaban por las calles. No era de extrañar. Los mirandeses viven a lo grande sus fiestas y nadie se quiso quedar en casa en el día más importante del año.
Nadie quiso faltar a una de las citas más importantes e ineludibles para los sanjuaneros. Era el día grande y desde las nueve de la mañana los más madrugadores empezaron a concentrarse en la plaza Santa María. Desde allí, el santo viajó en un carro engalanado hasta el monte acompañado de decenas de fieles.
Una vez en la ermita no pudo tener mejor acogida. El recinto estaba lleno al completo y dio la sensación de que, por muchas ampliaciones que se quisieran hacer en la explanada, siempre se iba a quedar pequeño. Y es que cerca de un millar de mirandeses se agolparon para seguir la tradicional homilía.
Bajo la atenta mirada de una unidad médica del Servicio de Emergencias 112, la misa fue ofrecida por el párroco de la iglesia Santa María. En la misma estuvieron presentes muchas autoridades a pesar de la resaca electoral. Una vez más el presidente de la comunidad, Juan Vicente Herrera, quiso mostrar su apoyo a estas fiestas al presentarse acompañado del subdelegado de la Junta en Burgos, Jaime Mateu, el consejero de Sanidad, César Antón, y el procurador, Luis Domingo González.
Tampoco se lo quisieron perder la subdelegada del Gobierno en Burgos, Berta Tricio, así como los líderes de otras fuerzas políticas locales, como Fernando Campo o Borja Suárez. Todos ellos y un pequeño grupo de elegidos pudieron degustar el bacalao que hicieron tanto la Cofradía como Los del Santo.
Aire y agua
Pero los protagonistas ayer fueron, sobre todo, los sanjuaneros. La mayoría empezó a llegar a La Laguna a partir del mediodía, justo instantes después de que varias gotas de lluvia amenazaran con pasar por agua este último tirón de las fiestas. De hecho, alguno como lo Hijos de la Antonia, no dudaron en colocar plásticos a la entrada de su caseta para evitar el aire y que se colaran gotas de agua.
A ritmo de charangas, cada uno se montaba la fiesta como le venía en gana. Por ejemplo, Los Kardiakos decidieron subir a San Juan parte de algún supermercado. O al menos eso parecía al portar uno de sus integrantes un carrito de la compra donde la cuadrilla podía coger desde bebidas de la nevera, a hielo, almejas, mejillones o tomate, todo ello bien tapadito con una sombrilla.
Todo valía ayer con tal de poder hacer tiempo hasta que la ansiada comida llegara a las peñas. Aunque no todos tenían que esperar sus bocadillos o su catering particular. Muchos decidieron remangarse y ponerse manos a la obra para crear su propio menú. Éste fue el caso de Los Raros, que elaboraron una comida digna de cualquier restaurante moderno. Aunque sólo fuera por el nombre de los platos. «Vamos a comer 'Patrukis al romero', 'Lomo al borrachín', 'Ensalada campestre', 'Flan de huevo' y 'Café olé', es decir, patatas con chorizo y costilla, lomo con vino, ensalada en medio del campo, flan y un café con mucha juerga», reía una de las cocineras, Carmen Gómez.
Donde también se optó por cocinar fue en El Desguace. «Lo hacemos desde hace 15 años. Cuando éramos jóvenes ni nos lo planteábamos, pero ahora hasta nos gusta», comentaba Pablo Jorde mientras ultimaba los detalles tras tres horas de trabajo en la caseta.
A la hora de comer, pasadas las tres de la tarde, el bullicio de La Laguna se diluyó por unos minutos. Cualquier lugar del monte se convertía en un punto de encuentro para comer entre amigos, con o sin caseta. Mientras, Miranda parecía una ciudad desierta. Ni coches, ni gente ni un alma circulaban por las calles. No era de extrañar. Los mirandeses viven a lo grande sus fiestas y nadie se quiso quedar en casa en el día más importante del año.
