Sanjuanín y la inmersión del Bombo pusieron fin a unas fiestas con tiempo inestable La Laguna quedó ayer despejada de vehículos y funcionó el transporte público
Serial de vueltas a la plaza de España e inmersión en las aguas del Ebro. Así acaba la efímera vida de un Bombo en Miranda. Sanjuanín, la jornada de mínimos de las fiestas más multitudinarias de la ciudad, volvió a poner cerrojazo a una celebración que, este año, ha sido irregular. Primero por su coincidencia con una contienda electoral y después por un tiempo inestable. El cielo inquietó el día del Bombazo, descargó a su gusto el domingo, soltó aire helador el lunes y ayer dio cierta tregua con un sol que asomó un par de horas al mediodía.
Pasadas las nueve de la noche, llegaba el sentido final. Saltando al ritmo de la charanga y sin plañideras de pega el símbolo de la ciudad fue paseado primero por la plaza para acabar empujado a las profundidades de un río que se resistía a tragárselo. Todo acabó en veinte minutos.
Atrás quedaba una jornada de limpieza para unos y resaca para otros. La imagen que presentaba ayer La Laguna sorprendió por inusual. Si ya se había convertido en mala costumbre su conversión en aparcamiento en el día de Sanjuanín, ayer la Cofradía se encargó de romper esa inercia. En torno a las 11.45 horas procedieron a su sellado con vallas provisionales de seguridad para impedir el acceso de vehículos. Sólos aquellos convenientemente acreditados pudieron estacionar en las áreas próximas al kiosko.
Y también funcionó el transporte público. El pasado año fueron varias las personas que expresaron su queja por la falta de autobuses en esta jornada -la última de confraternización en el paraje entre los romeros-. El malestar parece que ha obligado a solventar el problema. Ayer al menos dos microbuses realizaron varios desplazamientos entre La Laguna y Miranda lo que, sin duda, contribuyó a reducir el número de vehículos privados en la zona.
Relajo en la seguridad
La seguridad también se relajó. En una jornada que tradicionalmente es tranquila y que para nada tiene ese carácter multitudinario del Lunes de San Juan, sólo un agente de la Policía Local estaba visible en el empalme con Fuentecaliente.
El concurso infantil de dibujo o el de paellas llenaron la mañana mientras los ritmos de las charangas fueron poco a poco (muy poco a poco, la verdad) moviendo al personal. La actividad en los dos bares portátiles que aguantaron el tirón del día anterior fue especialmente intensa en torno a las dos de la tarde.
Y lo mismo sucedió con los puestos ambulantes que, ocupando espacios en diferentes puntos del camino de acceso a los aparcamientos, apenas hicieron negocio hasta después de la hora de comer. Sobremesas y merecidas siestas fueron eternas. Más de una cuadrilla optó por la timba para consumir las horas de la tarde hasta el momento de regresar a Miranda. Todo acabó con la cita del adiós. Ahora comienza la cuenta atrás. ¿Hasta el 12 de mayo de 2008!
Serial de vueltas a la plaza de España e inmersión en las aguas del Ebro. Así acaba la efímera vida de un Bombo en Miranda. Sanjuanín, la jornada de mínimos de las fiestas más multitudinarias de la ciudad, volvió a poner cerrojazo a una celebración que, este año, ha sido irregular. Primero por su coincidencia con una contienda electoral y después por un tiempo inestable. El cielo inquietó el día del Bombazo, descargó a su gusto el domingo, soltó aire helador el lunes y ayer dio cierta tregua con un sol que asomó un par de horas al mediodía.
Pasadas las nueve de la noche, llegaba el sentido final. Saltando al ritmo de la charanga y sin plañideras de pega el símbolo de la ciudad fue paseado primero por la plaza para acabar empujado a las profundidades de un río que se resistía a tragárselo. Todo acabó en veinte minutos.
Atrás quedaba una jornada de limpieza para unos y resaca para otros. La imagen que presentaba ayer La Laguna sorprendió por inusual. Si ya se había convertido en mala costumbre su conversión en aparcamiento en el día de Sanjuanín, ayer la Cofradía se encargó de romper esa inercia. En torno a las 11.45 horas procedieron a su sellado con vallas provisionales de seguridad para impedir el acceso de vehículos. Sólos aquellos convenientemente acreditados pudieron estacionar en las áreas próximas al kiosko.
Y también funcionó el transporte público. El pasado año fueron varias las personas que expresaron su queja por la falta de autobuses en esta jornada -la última de confraternización en el paraje entre los romeros-. El malestar parece que ha obligado a solventar el problema. Ayer al menos dos microbuses realizaron varios desplazamientos entre La Laguna y Miranda lo que, sin duda, contribuyó a reducir el número de vehículos privados en la zona.
Relajo en la seguridad
La seguridad también se relajó. En una jornada que tradicionalmente es tranquila y que para nada tiene ese carácter multitudinario del Lunes de San Juan, sólo un agente de la Policía Local estaba visible en el empalme con Fuentecaliente.
El concurso infantil de dibujo o el de paellas llenaron la mañana mientras los ritmos de las charangas fueron poco a poco (muy poco a poco, la verdad) moviendo al personal. La actividad en los dos bares portátiles que aguantaron el tirón del día anterior fue especialmente intensa en torno a las dos de la tarde.
Y lo mismo sucedió con los puestos ambulantes que, ocupando espacios en diferentes puntos del camino de acceso a los aparcamientos, apenas hicieron negocio hasta después de la hora de comer. Sobremesas y merecidas siestas fueron eternas. Más de una cuadrilla optó por la timba para consumir las horas de la tarde hasta el momento de regresar a Miranda. Todo acabó con la cita del adiós. Ahora comienza la cuenta atrás. ¿Hasta el 12 de mayo de 2008!
