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viernes, 09 de mayo de 2008
Andrés Hervías, vestido para la ocasión, lanzó un mensaje de optimismo y futuro ante los mirandeses que no se amilanaron ante una intensa lluvia
 

CON EL 'HÁBITO'. Andrés Hervías, vestido de pregonero, bromea con el alcalde Fernando Campo y Jaime Ruiz Bilbao, minutos antes de iniciar su alocución desde la balconada del Ayuntamiento. / AVELINO GÓMEZ
Todos los mirandeses lo saben, San Juan tiene fama de ser 'meón', y a nadie sorprende que en estas fiestas haya algún que otro chaparrón para que los sanjuaneros se mojen por dentro, de modo voluntario, y por fuera para hacer honor a Nuestro Santo Verdadero.

Sin duda, la que ayer cayó desde primera hora de la tarde propició que nadie olvidara el sobrenombre. La lluvia se hizo presente pero tuvo que compartir protagonismo con los mirandeses, que no se quisieron perder el comienzo de la fiesta. Había que acudir al pregón y la plaza se llenó en esta oportunidad de paraguas de todos los tamaños y colores.

Con puntualidad, más británica que mirandesa, apareció en la balconada del Ayuntamiento, ayer un poco más despejada que en otras oportunidades, el pregonero. Y si había alguien que no sabía lo que iba a ocurrir tuvo que intuirlo inmediatamente por la vestimenta de quien, acompañado por el presidente de la Cofradía y el alcalde de la ciudad, asumió el protagonismo. Andrés Hervías se tomó al pie de la letra «el encargo que me han hecho».

Acudió con blusón negro, gorra del mismo color, una cartera propia de los repartidores de las misivas en épocas pasadas, y una trompetilla, instrumento que antiguamente se hacía imprescindible para llamar la atención de quienes debían escuchar el mensaje. Acudió como un pregonero clásico porque, según confesó «para ejercer una tarea concreta, no hay nada mejor que hacerla con el hábito que corresponde».

'Se hace saber...'

Hervías no comenzó su discurso con esa coletilla, pero sí con los preceptivos tres toques de trompeta para pedir a todos los mirandeses «quienes nacimos o vivimos a orillas del Ebro» que disfruten desde ya de las fiestas, «más alegres y participativas».

Habló para un público entregado, poco más de seis minutos, tiempo en el que tras agradecer el honor y reconocer «la responsabilidad», recordó a sus amigos y «cómplices» en San Juan. Y quiso enviar su mensaje, de un modo especial, a los más jóvenes.

De ellos dijo que son quienes mantienen el sabor y la esencia de la fiesta, por lo que les pidió que «trasladen al resto de actividades la ilusión, la creatividad y el esfuerzo que desplegáis estos días».

Habló de la necesidad de conseguir que Miranda conserve siempre un papel cultural y social del que «podamos sentirnos orgullosos». Y apuntó que él se siente así por contar «con los mejores profesionales, los mejores servicios, las mejores infraestructuras y, lo que importa más, con la mejor gente».

Hervías había permanecido durante toda la jornada casi recluido en su casa, preparando con dedicación la tarea que se le había encomendado. Y al final nadie quedó defraudado.

Tras su sonoro ¿Viva Miranda! y su sentido y emocionado ¿Viva San Juan del Monte!, no quedaba más que escuchar otra vez el sonido de la trompetilla para anunciar el fin del mensaje, que dio paso a la ovación, como se pudo, porque los paraguas maniataban a los mirandeses.

Ahora habrá que esperar para ver si el tiempo, como esperaban los sanjuaneros chiqui «que no llueva todos los días».


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