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domingo, 11 de mayo de 2008
Niños y niñas de 36 cuadrillas acapararon chubasqueros, gorros y paraguas para gritar «¿Eeese bombo....!»
 


¿EEESE BOMBO!. Integrantes de la cuadrilla de Los Binatxas reclaman que suene de una vez en el balcón del Ayuntamiento. / FOTOS: AVELINO GÓMEZ Y BLANCA CASTILLO

Valientes de verdad y como el seguro futuro de la fiesta se mostraron los chavales que desafiaron a la climatología para acudir al Bombazo Chiqui. ¿Que llueve?, pues que llueva, para resguardarse del agua se han ideado los impermeables, chubasqueros y paraguas. Los había de todos los colores, y sirvieron, de alguna manera, para uniformar a los niños y niñas de las 36 cuadrillas que participaron en el Bombazo y, este año, obligatoriamente mini desfile, no en su intensidad, pero sí en su recorrido.

Con tal de llevar el bombo bien protegido, los chiquis no veían más problemas. Los de las charangas intentaban invocar al astro rey cantando el conocido 'Oh sole mío', pero ni por esas, y este agua de mayo, según donde y para qué, sirvió para que el agosto lo hicieran algunos comercios que tuvieron que recurrir a todos los almacenes para solicitar prendas protectoras de la humedad.

Los mayores, encargados de echar un ojo a los pequeños blusas no acababan de estar contentos con el tiempo, pero los verdaderos protagonistas del Bombazo que se avecinaba se mostraban abstraídos y ajenos a todo lo que no fuera la fiesta. «¿Cuando empieza?, ¿va a sonar ya el Bombo?, ¿hay que esperar mucho?», se preguntaban sin cesar, y para hacer más corta la antesala hacían sonar con sus mazas los bombos que ellos llevaban.

La tensión en la plaza iba incrementándose minuto a minuto, los pies ya no estaban quietos y las ganas de empezar a saltar para no parar eran evidentes. Todos esperaban impacientes que en la balconada aparecieran los sanjuaneros chiquis, Paula y Diego, que con su permanente sonrisa no hacían más que certificar la veracidad del dicho de que 'a mal tiempo, buena cara'.

Si en la plaza, y sobre los charcos, los cientos de niños que esperaban el comienzo de la fiesta estaban ansiosos, en el salón de plenos, antesala del balcón, Diego y Paula ya no podían más y miraban a los cofrades de la Orden del Bombo para ver cuándo se iban a asomar todos, y ellos iban a tener la oportunidad de coger la maza para despertar al Bombo que había permanecido mudo durante todo un año.

Y por fin, sonó

Una, dos, tres, innumerables fueron los toques, tantos que los dos sanjuaneros dijeron al final: «tenemos la mano un poco estropeada», pero sólo un poco porque les tuvieron que arrebatar las mazas para poder guardarlas.

En el balcón sonó uno y abajo, infinidad. Y, menos mal que la idea de poder trasladar el acto a un recinto cerrado no se llevó a cabo. Podría haber sido un éxito, siempre quedará la incógnita, pero en el escenario habitual es el que todos quieren y respetan; y además sirve para que los más pequeños sanjuaneros empiecen a impregnarse de verdad de la esencia de San Juan.

Tras el estruendo hubo que variar un poco las previsiones, pero Diego Gordejuela y Paula de Miguel, encabezaron el desfile de las cuadrillas infantiles hasta llegar a la calle Francisco Cantera, donde impusieron los pañuelos a las estatuas de los Sanjuaneros Chiqui.

Tenían la intención de acabar la mañana disfrutando después con los hinchables pero eso sí tuvo que suspenderse. No se pudieron ni siquiera llevar hasta el Pabellón del Ebro; había competición de baloncesto.


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