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martes, 13 de mayo de 2008
La ciudad cumplió con el ritual de honrar al Santo en la ermita y los blusas tomaron La Laguna Con todas las casetas renovadas, la postal del paraje gana enteros
 

A LA ESPERA. Con la mesa preparada, componentes de la cuadrilla Los que Faltaban, dispuestos para disfrutar de la comida de San Juan. /Avelino Gómez

El sanjuanero puro tiene una esencia admirable. Nadie como él consigue combinar el desmadre de la fiesta con la voluntad de meter un buen madrugón al cuerpo para plantarse a primera hora de la mañana tras la talla de Nuestro Santo Verdadero. El suyo es un fervor de aupa. Porque estar a las 9.30 en la plaza de Santa María para ascender en romería, durante unas dos horas, en dirección a la ermita, y con un último repecho no apto para pulmones castigados, tiene mérito. Si encima la temperatura se dispara y el sol carga hasta enrojecer, tal actitud merece listado de elogios.
Hecha esta reseña hay que asumir que no todos llevamos la fiesta de esa manera. La juerga, sí. El madrugón, una losa. «Si es que acabé muy perjudicado». La confesión (que la suscribo) es universal en Miranda estos días. Vamos, que devoción, toda... Pero si es a partir de las once y media, o las doce, mucho mejor.

Así que mientras el rezo cobraba fuerza en la explanada de la gruta, a 746 metros de altitud, en el centro de la ciudad, se preparaba otra procesión. Cientos de sanjuaneros hacían cola ante la taquilla para coger asiento en un autobús -la veintena de vehículos 'montó' una doble fila que llegaba desde la plaza de La Constitución, hasta el número 59 de la Ronda-. Otros muchos se hacían hueco en los bares para empalmar el desayuno con el almuerzo en forma de bocata de chistorra o patata, pincho y zurito o vino... y agua, mucha agua (el cuerpo exigía tregua).

Para cuando la mayoría llegó a La Laguna los más devotos ya comenzaban a bajar desde la ermita. Y tras ellos, una importante representación de políticos. Afrontaban el descenso tras disfrutar del bacalao. Allí estaban el consejero de Educación, Juan José Mateos; la directora general de Turismo, Rosa Urbón; el presidente de la Diputación, Vicente Orden Vigara; Miguel Alejo, delegado del Gobierno en Castilla y León; Berta Tricio, subdelegada; Jaime Mateu, representante de la Junta en Burgos; el alcalde Fernando Campo -en animada charla con el presidente de la FAE Ginés Clemente-, varios concejales, y la diputada del PP, Sandra Moneo.

La mirandesa no eligió bien. Llevaba unas alpargatas con cuña de vértigo, nada actas para el ascenso y de máximo riesgo ante una cuesta abajo. Tuvo que luchar, y mucho, por mantener el equilibrio. «Si la he tenido que ayudar», bromeó Manuel Setién. ¡Qué menos! Lo suyo es la Seguridad Ciudadana.
Capítulo aparte merece el pregonero. Andrés Hervías ha demostrado que tiene un fondo de armario de gran calado. Se vistió para la ocasión (esto es, de pregonero) el jueves en el balcón; el fin de semana suplantó a un reportero gráfico de la Agencia Efe. Y ayer condujo una calesa. «Les prometí a los sanjuaneros chiquis que les iba a subir y bueno...». De palabra.

El paraje de San Juan ofrecía una imagen totalmente renovada. El aspecto pulcro de las casetas, sometidas a una reforma total y uniforme, mejoraba muchos enteros la postal. Ayer era el estreno oficial de la mayoría.

El 'momento' marianito

La bajada finalizó alrededor de las dos de la tarde con una última parada en la caseta de Los Chachis. Para entonces, el 'momento marianito' de los políticos ya había tenido un largo recorrido. Muy largo.
El ambiente era totalmente festivo. Miles de blusas habían tomado La Laguna. Y las charangas ponían todo de su parte. Como ya se ha demostrado, aquí se va mucho más allá del tradicional 'Paquito el chocolatero'. Tan pronto suena un tema de Abba, como se rinde homenaje a MacGiver -el que con cuatro palitos y una goma se montaba un misil nuclear-, se recuerda 'El Padrino' o se invita a un streptease en plan 'Full Monty'.

El entorno de la estatua de Juan el Ermitaño era uno de los pocos lugares en los que, a esa hora, se podía respirar cierta tranquilidad. Allí estaban algunos de los vencidos; blusas con resaca de caballo, convencidos de que el mejor remedio es el silencio y dejar el tiempo pasar.
La comida llevó a los romeros un par de horas. Fue a su término cuando integrantes de Los Pajillas 'invadieron' con su charanga la caseta de La Cofradía. Habían reivindicado que La Pajilla, como Teruel «existe». Y consiguieron que José Ramón Urbina lo confirmara megáfono en mano, antes de marcarse un pasodoble con la presidenta, Carmen Rey. También eso es San Juan... buen rollito.


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