
A PROBAR. Sólo se hicieron cinco, pero las había grandes, pequeñas, de marisco y mixtas. / A. GÓMEZ
PREMIOS
Estuvieron de cocineros pero comieron de restaurante, o eso aseguraron que iban a hacer tanto Ángel Escudero como Eduardo Molinero, de Los Estrafalarios, tras ganar ayer en el trigésimo concurso de paellas de San Juan del Monte. No se lo podían creer. Tras oír su nombre ambos se fundieron en un abrazo para a continuación acudir raudos a por el vale de compra de 250 euros para productos de Leclerc, resguardo que besaron efusivamente.
Y es que, a priori, las cosas no les habían ido muy bien. Les costó mucho hacer fuego y que el carbón calentara lo suficiente la paellera -casi una hora- y, de hecho, terminaron cocinando con butano y un quemador gracias a la generosidad de La Pajilla, que concluyó su receta bastante antes.
Su paellera, con ingredientes calculados para comer cuatro personas, contenía pollo, gambas, langostinos y mejillones, todo bien rehogado, y, por supuesto, arroz. «No tiene más misterio el plato», apuntó Escudero, aunque reconoció que pese «a no ser experto, algo entiendo de cocina». No podía ser menos perteneciendo a Hagame, la hermandad de asociaciones gastronómicas de la ciudad.
La buena mano del 'chef' y su ilusión eran sus principales armas de lucha y parece que les dieron resultado. Pero había más. Y es que sobre la mesa estaba un reto personal con un grupo de amigos. «Hemos hecho una apuesta con unos compañeros y si quedamos los primeros nos vamos a La Vasca a comer», apuntó.
El segundo premio, un vale de compra de 200 euros, fue para Oscar Barrasa, del Komando Patxarana quien en solitario, echándole mucho morro -porque apareció en La Laguna sin los ingredientes más básicos como el arroz- y actuando de 'showman' del certamen fue capaz de presentar una paella con buen sabor. «No he subido casi nada porque pensaba que aquí te daban los productos. Tengo pimiento, huevo, una lata de mejillones, azafrán. Lo demás todo me lo han dejado», apuntaba. Su toque especial, el jamón serrano del bocadillo que acabó troceado en la cazuela.
A pesar de ello, no dudó en afirmar que iba a ganar. Frase que sonaba más a ironía que a realidad. De hecho, no pudo evitar las lágrimas y la congoja cuando su nombre sonó al entregar el premio al segundo clasificado. Agradecido, tanto con todos aquellos que desde la barrera le habían animado y aconsejado, así como con el jurado y la Cofradía, no dudó en pasearse su paellera para que todos pudiesen catar su plato.
Concursar y comer
Los 150 euros del tercer premio fueron para La Pajilla, que se decantó por un formato grande, en el que cabía arroz para un buen número de personas, pero que además llevaba gambas, cigalas, langostinos, almejas y calamares, además de pimiento y cebolla. «Todo marisco porque cuesta menos hacerla, de carne es más trabajosa y esto viene todo precocinado», explicó Alberto Jorge, para quien su truco, como no experimentados, consistía en estar atentos y «evitar que se nos queme». Y es que eso era lo único que tenían previsto en su menú del día. «Si no sale bien nos quedaremos sin comer», aseguró Jorge.
Pero no fueron los únicos participantes, hubo dos más. Los Revoltosos, con Rosa María García como cocinera, presentaron una paella mixta, de pollo y pescado, calculada para 12 personas; y Conchi Muñoz y Sergio Ortega, madre e hijo prepararon la suya de marisco. Eso sí, fueron los únicos que guisaron sólo con carbón.
